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Tortas de caridad y vino en la ROMERÍA DE LOS LANGOSTOS en ABIZANDA

Desde tiempo inmemorial en la mañana del domingo más próximo al 12 de enero, festividad de san Victorián, si la nieve lo permite se celebra en la localidad sobrarbesa de Abizanda la Romería de los Langostos, ritual basado en magia mimética dirigida a conocer el destino de la cosecha.

Se asciende hasta la ermita de san Victorián -patrón del municipio y con arraigada devoción en el Alto Aragón- situada en la cima del Monte San Benito, en la sierra de Olsón, donde una vez finalizada la misa en una explanada, rodeada de sabinas y encinas, se extiende un mantel blanco sobre el que se coloca, junto a porrones de vino, cuatro grupos de tortas de caridad, y otro más en el centro y se bendicen.

A partir de ese momento hay que estar muy atento para observar la llegada de los langostos, unos pequeños insectos que aparecen de tres colores.

Después de esperar un rato, se procede a recontar los insectos para conocer su veredicto. Si predominan los langostos de color verde es de prever una buena cosecha de aceite. Si los más numerosos son los negros, será un buen año para los viñedos. Y si lo son los dorados, habrá buena recolección de cereal. Una vez hecha la predicción, se procederá a repartir las tortas dulces.

En estas fechas, comienzo del nuevo año, el resultado de las cosechas es todavía una incógnita. Con los langostos nos adelantamos al futuro para conocer cómo van a irnos las cosas.  Magia y fe unidas, con las cumbres nevadas de fondo. Una cita tentadora para una mañana invernal.

Ermita de San Victorián

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Ermita de san Victorián en Abizanda

Es un edificio de una nave, precedida por un pequeño pórtico, con cabecera curva. Está realizada en mampostería, que en la nave está enlucida con cemento y encalada y en la cabecera conserva el revoque original de mortero de cal y arena. Se cubría con losa, que solo se mantiene en la cabecera.

Al exterior presenta cuatro contrafuertes, dos por lado, que coinciden aproximadamente con los fajones del interior. La puerta de acceso se encuentra a los pies, precedida por un pequeño pórtico de planta rectangular. Éste se abre al frente en un gran arco escarzano. La puerta de la ermita es en arco de medio punto de dovelas muy cortas y gruesas, trasdosado por una gruesa moldura en baquetón.

Al interior, la única nave está dividida en tres tramos por dos fajones de medio punto, y cubierta por bóveda de cañón de factura reciente (realizada en 1954 en ladrillo reforzada por dos arcos fajones). La cabecera cubre con bóveda de cuarto de esfera.