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Día de la 'O' en Briviesca

El Día de la Virgen de O, que tiene lugar el 18 de diciembre, es una de las tradiciones más arraigadas en la burgalesa ciudad de Briviesca y recuerda los cantos de las antífonas de la O en los días previos a la celebración de la Navidad.

A pesar del frío, es una fiesta una en las que más ciudadanos participan de todas las edades, tanto en la 'procesión' cantando y con las velas encendidas, como en la chocolatada, que desde hace unos años es un buen punto de encuentro. 

Durante la 'procesión', prohibida en tiempos de la dictadura, se van encendiendo los alumbrados navideños de las calles de la ciudad, con el consiguiente alborozo de la 'chavaleria', con lo que es una especie de pistoletazo de salida para comenzar el ambiente navideño y lo que aquí conocemos como la Navidad Cultural durante el cual se desarrollan innumerables actos culturales, deportivos y de entretenimiento hasta mediados de Enero (el día de San Antón).

Personas voluntarias de distintas asociaciones han estado toda la tarde haciendo el chocolate para luego repartirlo. Gran protagonismo adquiere en esta ocasión, la Asociación de Amas de Casa, tanto en la elaboración como en el reparto, sin olvidad al resto de Asociaciones que son un montón.

Muchos años, que suele hacer la temperatura ideal '0º', ni frío ni calor, se agradece el chocolate calentito.

A partir de este acto un sin parar, con exposiciones, conciertos, cabalgatas, juegos, deporte, 'la San Silvestre' talleres, y un largo etc

Origen del Día de la Virgen de la O

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Ambiente navideño en el Día de la 'O'

La Virgen de la O es la Virgen de la Esperanza, en su honor se celebra -en la octava antes del día de Navidad- para dar inicio a la celebración de la Navidad cuyo tiempo se extiende hasta el día de la Fiesta de las Candelas o de Nuestra Señora de la Candelaria o de la Purificación, el 2 de febrero.

Celebrar a la O es una tradición popular cuyo origen se encuentra relacionado a las antífonas de la O, estas son las siete antífonas que inician con la interjección latina ¡Oh! u O, las mismas que eran cantadas una tras otra en los siete días previos a la Fiesta del Nacimiento del Cristo.

O Sapientia, O Adonai, O Radis, O Clavis David, O Oriens Seplendor, O Rex géntium y O Emmanuel, eran las antífonas que solían ser cantadas como manifestación del deseo de ver pronto nacer al Salvador, de la Virgen María.

Dicho festejo se hacía en el día de la Anunciación, que era el 25 de marzo, pero debido a que a veces coincidía con la celebración de la Semana Santa, en el año 656, el X Concilio de Toledo determino que se celebraría en el día de la Expectación, el 18 de diciembre.

En Briviesca la tradición tiene una antigüedad de dos siglos aproximadamente. De las anteriores celebraciones han quedado recuerdos como los de hace no muchos años, en que los niños de Briviesca recorrían las calles de la población llevando en manos la Cerilla, que era una larga pero delgada velita encendida, mientras cantaban la Canción a la Virgen de la O, que está compuesta por tres coplillas que se combinan con un estribillo:

La O, la O,
Bendita sea la madre que te parió,
Que parió un niño de seda,
Con las barbas de canela
Y los pies de requesón.
¡Kyrie eleison! ¡Kyrie, eleison!

Tarantantán María
Tarantantán mujer
Que el Niño tiene un diente
Que se lo vi yo ayer.

La O, la O
Con una velilla
Se arrampla dos
Y con dos se arramplan cuatro
Y con cuatro se arramplan seis
Y con seis se arramplan ocho
Y con ocho, dieciséis,
Kyrie eleison, Kyrie eleison.

Tantarantán, María,
Tantarantán, mujer,
Que el niño tiene un diente
Y se le vi yo ayer.

La I, la I
En la calle Medina
Se vende Chacolí
Y el Niño tiene costumbre
De beberse media cumbre
Por la tarde un requesón
Kyrie eleison, Kyrie eleison.

Tarantantán María
Tarantantán mujer
Que el Niño tiene un diente
Que se lo vi yo ayer.

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La Navidad en Briviesca comienza el Día de la 'O'

Esta es la tradicional tonadilla de la Virgen de la O, que cantan los niños como uno de los villancicos previos a la llegada de la Navidad.

Lamentablemente, durante la Guerra Civil y la consecutiva escasez, los niños no pudieron contar con velas para la actividad, pero eso sí, se las arreglaron portando teas untadas con resina para que ardieran como velas.

Otra costumbre pasada era que los niños marchaban en cuadrillas por las calles de la población, encontrándose de cuando en cuando para quitarse las velitas y así amasar una gran cantidad. Obviamente, en medio de tanto alboroto las velas se apagaban pero inmediatamente se daban lumbre unos a otros.

Pero hay que saber que los grupos no sólo luchaban por tener más velas sino por ser los que más fuerte cantaban. Por supuesto, tanto movimiento sumado a la cera de la vela o al humo de las teas, no era conveniente para el cuidado de la ropa, por lo que los niños llevaban una vestimenta antigua, sucia o en desuso.

Actualmente, para hacer más participativo y activo el evento, las velas son de todos los tipos y son premiadas las mejores presentaciones.